martes, 22 de marzo de 2011

Si la tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar.

Che Gorila, che gorila,
 no te lo decimos más,
 si la tocan a Cristina,
 qué quilombo se v'armar.


Se trata de un clásico de las manifestaciones en Argentina. Desde hace una pila de años, con sus variantes de acuerdo a cada época y contexto, fue coreada en las calles. A éste cántico lo escuché y lo desentoné cientos de veces. Sin embargo hubo una ocasión en la que me provocó algo diferente. Ocurrió durante los funerales de Néstor Kirchner. En ese momento, al escucharlo, se me hizo un nudo en la garganta.

Ya pasó suficiente tiempo como para poder auto-psico-analizarme, y por eso me zambullo ahora a escribir esto. ¿Qué fue lo que me provocó esa reacción?

Claramente, ese grito es una compadreada. Así marcamos la cancha y les decimos a nuestros adversarios:  hasta acá, después de acá estamos dispuestos a todo; si cruzan esta marca, qué quilombo se va a armar. Es como el "quiero, retruco".

Pero si se trata de un compadreada, ¿por qué esa vez me dio miedo?

Cuando retrucás con con una carta ganadora no hay por qué tener miedo. Pero... ¿la memoria me fallará? ¿esa carta que dejé descuidadamente sobre la mesa, para disimular, ganará realmente?.. No..., no puede ser ese el origen de este espasmo en la garganta. Estoy seguro de que esta es la mejor carta que tuve en mucho tiempo, y que ahora es cuando tengo que jugarme la parada. Si no aprovecho esta oportunidad puede demorar mucho en llegar otra carta parecida. ¿Entonces, por qué me sentí así?

Sigamos con la alegoría con naipes, que está empezando a gustarme.

La situación que vivía(mos) durante el funeral de Kirchner se me antoja parecida a esto: habíamos perdido la que parecía nuestra carta más fuerte, y nuestro rival, un ricachón acostumbrado a ganar, ya estaba alardeando ante sus amigos diciendo que nos íbamos al mazo, que así Él iba a recuperar lo que injustamente le veníamos ganando. Y entonces gritamos "Quiero! Retruco!"... (si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar). Y el tipo nos mira sin entender. ¿Cómo reaccionará? Él no sabe perder. Por lo que cuentan, nunca perdió. ¿Pateará el tablero y se nos vendrá encima?

Por ahí, por ahí venía mi miedo.

Si perdemos ahora nuestros rivales vendrán a quitarnos lo ganado. Y ahí sí, qué quilombo que se va a armar. Y ese quilombo no será alegre, el sólo imaginarlo me da miedo. Creo que sí, que por ahí venía esa especie de angustia. Si perdemos ahora, si se nos pasa esta oportunidad o alguien nos la quita, entonces perderemos mucho.

Por suerte nadie pateó el tablero. El juego continúa y llevamos las de ganar. Nuestro rival, que en aquel momento quedó perplejo por nuestro retruque, ahora está empezando a entender que puede perder. Como en el truco, el pavoneo y el alarde son parte del juego. Y nuestro rival muestra la punta de su carta, lo que nos tiene preparado si en algún momento les dejamos tomar la iniciativa.

Por eso desde La Nación y Clarín tiran consignas que, bien leídas, resultan amenazas. Y las repiten una y otra vez: "Reprimir no significa transgredir las normas, sino reponerlas cuando alguien las ha transgredido." (así, textualmente, lo escribieron acá, acá y acá, para asegurarse de que lo leamos).
Sus columnistas intentan darle mayor contenido filosófico a la consigna:
"Cuando una sociedad no tiene en claro la noción del orden, oscila bruscamente entre la anarquía y la tiranía, sin hallar el justo medio del orden democrático. En 1976, cuando se extendía entre nosotros la anarquía montonera, fueron muchos los que reclamaron un gobierno fuerte." Mariano Grondona.
"En un país preocupado y sensibilizado por la inseguridad, tanto la usurpación de espacios públicos como los enfrentamientos entre quienes los ocupan y los que viven en la zona, termina acentuando la percepción de inseguridad que hoy sufre gran parte de la población." Rosendo Fraga.
"Cristina tendrá que cuidarse del poder de la calle." Mariano Grondona.

Y finalmente algunos dirigentes políticos la levantan como consigna de campaña.
Duhalde, reunido con Barrionuevo, dice que "reprimir no es matar a nadie, sino hacer respetar la ley".  Macri pide, exige, que la policía federal reprima donde él no puede contener la conflictividad social.

Ese es su juego, amenazan porque están empezando a dudar de su triunfo. Intentarán distraernos usando floreos con actitud de cancheros, con su labia de jugador veterano en estas lides. Nos querrán hacer dudar de nuestra propia fuerza; convencernos de que, aunque ganemos, no ganaremos. Hemos visto esto ya otras veces, aprovecharán cualquier desatención, cualquier titubeo, para sacarnos del juego. Habrá que permanecer atentos, sostener la mirada serena, con la tranquilidad del que se sabe ganador. Y habrá que jugar nuestra carta. En octubre. Y poner, con fuerza, las manos sobre la mesa. Para que nadie se atreva a patearnos el tablero. Conservaremos así lo que ya tenemos ganado. Y comenzará otra mano donde tendremos la oportunidad de nuevos logros.

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